Call of Duty es un icono de Activision Blizzard, y uno de los juegos de acción en primera persona más populares del mundo, aunque su última entrega, Black Ops 7, no ha tenido el éxito esperado, y ha vendido a unos niveles que, para lo que es habitual en esta franquicia, se considera como un fracaso.
La serie Call of Duty se inspira en eventos bélicos reales, pero también ha utilizado guerras y hechos que nunca han sucedido, tanto en el pasado como en el presente, y en futuros más o menos cercanos, siempre con marcado enfoque occidentalizado.
Rusia conoce el peso que tiene Call of Duty en el mundo de los videojuegos, y este país está interesado en conseguir crear una alternativa local a esta franquicia. El Gobierno de Rusia ofrece un presupuesto de 128 millones de dólares, así como beneficios fiscales y otras ventajas, a cualquier estudio del país que sea capaz de crear un juego capaz de rivalizar con Call of Duty.
Los videojuegos son una forma de llegar al pueblo, y para Rusia un Call of Duty local no solo sería una fuente de ingresos, sino que también podría ser un sistema efectivo de propaganda, una manera de contar la historia "bajo su punto de vista", y de adoctrinar de forma sutil contando conflictos bélicos bajo un enfoque más patriótico.
