A los desarrolladores y publicadores de videojuegos no les gusta nada que pueda amenazar su "status quo", y no tienen miedo de tomar medidas injustas si estas les ayudan a mantener su posición y sus ingresos. El Game Pass es malo para la industria, pero es bueno para los jugadores.
En vez de plantearse cambios en la industria, que quizá podrían ser positivos y sanos para la competencia, las culpas se centran en un servicio que ha hecho felices a decenas de millones de jugadores, y que les ha permitido disfrutar de una cantidad de juegos que no podrían haber jugado si hubieran tenido que comprarlos bajo el modelo de negocio normal.
Otra polémica aparte es la de acabar con los juegos que solo se pueden jugar online, y que dependen de servidores para funcionar correctamente. El escándalo de The Crew, por parte de Ubisoft, y ahora de Anthem, por parte de EA, reavivó la petición de firmas que pide no matar más videojuegos, y que ya ha superado los 1,2 millones de firmas.
Esta reacción de los jugadores en Europa asusta a los grandes de los videojuegos, que ya han empezado a hacer presión para evitar que esa petición pueda llegar a tener algún impacto, diciendo cosas como que es inviable mantener indefinidamente un juego después del cierre de sus servidores.
La cosa va todavía más lejos, porque en sus condiciones de uso Ubisoft exige la desinstalación del juego y la destrucción de las copias en el momento en el que cierren los servidores del mismo, es decir, cuando finalice la licencia del mismo. En el acuerdo de licencia de EA se puede ver que la compañía puede revocar el acceso a los juegos cuando quiera una vez que finalice la licencia, y que los jugadores no tienen derecho a nada a pesar de que pagaron por el juego.