La Radeon 890M es una GPU integrada de nueva generación que vendrá en las APUs Ryzen AI 300 más potentes de AMD. Utiliza la arquitectura RDNA 3.5, tiene 1.024 shaders, 64 TMUs, 32 ROPs, 16 núcleos para trazado de rayos, y 2 MB de caché L2. Funciona a una velocidad de hasta 2.900 MHz, y su potencia en FP32 es de 11,88 TFLOPs gracias a los shaders de doble emisión.
Los resultados de rendimiento que ha conseguido en una prueba filtrada indican que es capaz de alcanzar el rendimiento teórico de la GeForce RTX 3050, pero solo en la prueba OpenCL de Geekbench 6. Este tipo de pruebas suelen mostrar unos datos de rendimiento que están bien para orientarse, pero que no suelen coincidir con el rendimiento real en juegos. En este caso lo más lógico sería que la Radeon 890M rindiese menos en juegos que la GeForce GTX 1070.
En la prueba la Radeon 890M consiguió 42.932 puntos y contaba con 12 GB de memoria reservados para utilizarlos como VRAM. Con esa cifra supera a la Radeon RX 580, que consigue 41.991 puntos, y en Vulkan obtiene 46.298 puntos, lo que la sitúa casi al mismo nivel que la GeForce GTX 1070, cuyo rendimiento en rasterización es parecido al de una GeForce RTX 3050.
Lo más importante es que mirando los resultados de todas las pruebas que se han ido filtrando se puede ver que la Radeon 890M ha conseguido una mejora media de un 30% frente a la Radeon 780M. Esa mejora de rendimiento debería permitirle ser la GPU integrada más potente de la nueva generación, y podría ser capaz de mover juegos en 1080p con calidades altas manteniendo un buen rendimiento en la mayoría de los casos.
Esa Radeon 890M también podría convertirse en la gran abanderada de las próximas generaciones de consolas portátiles de ASUS, Lenovo y MSI, entre otras.
