Las Ryzen 8000G montan una CPU y una GPU, y están pensadas para ser utilizadas con esa configuración. Si montamos una y decidimos ampliar el PC con una tarjeta gráfica dedicada deberemos tener cuidado, porque están muy limitadas en líneas PCIe, y esto puede afectar al rendimiento.
Las APUs Ryzen 5 8600G y Ryzen 7 8700G tienen una interfaz PCIe Gen4 x8, así que es posible montar cualquier tarjeta gráfica actual sin que esa interfaz suponga un cuello de botella. El problema viene con las Ryzen 5 8500G y Ryzen 3 8300G, que tienen una interfaz PCIe Gen4 pero limitada a x4, cuyo ancho de banda es el mismo que tendríamos con la interfaz PCIe Gen3 x8.
Con tarjetas gráficas de gama media o baja la diferencia no debería ser muy grande, pero con tarjetas gráficas de gama alta la interfaz PCIe Gen4 x4 limitará el rendimiento y será un cuello de botella.
El rendimiento de las unidades SSD PCIe M.2 que se instalen en la primera ranura de la placa base también puede verse afectado, porque normalmente es la que va vinculada a la CPU y depende de sus líneas PCIe. Está confirmado que las APUs Ryzen 5 8600G y Ryzen 7 8700G pueden trabajar con una unidad SSD bajo la interfaz PCIe Gen4 x4, pero las APUs inferiores están limitadas a PCIe Gen4 x2. Esto equivale a reducir a la mitad el rendimiento máximo.
Tenemos información también que indica que AMD listó inicialmente las Ryzen 5 8500G y Ryzen 3 8300G como limitadas a configuraciones de memoria de un solo canal, pero que al final cambió a soporte de configuraciones en doble canal. Esto también habría limitado mucho el rendimiento de la GPU integrada, porque depende de la memoria gráfica para funcionar.
