Una de las grandes dudas que generaron los Ryzen 7000 desde que empezaron a aparecer los primeros análisis fueron los posibles problemas que, a la larga, podrían acabar sufriendo debido a las altas temperaturas de trabajo que alcanzan. Estos chips no son tan frescos ni tan eficientes como lo fueron los Ryzen 5000, y alcanzan sin problemas los 95 grados C cuando se les somete a una carga intensa.
Utilizar un sistema de refrigeración de alto rendimiento no marca ninguna diferencia en la temperatura de trabajo, sobre todo cuando estos se encuentran al 100% de carga, y tiene un impacto relativamente pequeño en el rendimiento porque al final estos procesadores ajustan el modo turbo de forma dinámica para conseguir el mejor resultado posible en función del margen térmico que tienen en cada momento. También ajustan el consumo en consecuencia.
El salto a un PPT de 230 vatios ha hecho que el Ryzen 9 7950X ya no toque techo a nivel de alimentación como ocurría con el Ryzen 9 5950X, sino que toca techo antes a nivel de temperaturas con esos 95 grados. En teoría, esa temperatura es segura, es decir, los Ryzen 7000 han sido diseñados para funcionar sin problemas a 95 grados sin que se produzcan daños en el chip, algo que tiene sentido si AMD ha afinado cuidadosamente los voltajes.
Existe la posibilidad de utilizar el modo ECO para reducir el consumo y las temperaturas de trabajo a costa de perder rendimiento, pero esto requiere de una intervención del usuario y la renuncia a un cierto grado de potencia, algo que no todo el mundo estará dispuesto a aceptar. Lo importante en cualquier caso es que al final esos 95 grados son "lo normal" en los nuevos Ryzen 7000, y que no deben ser motivo de preocupación.
