El mercado del PC no pasa por su mejor momento. Tras la bonanza del año pasado, donde las ventas en tecnología se dispararon a nivel general por el impacto de la pandemia, la vuelta a la normalidad ha tenido un efecto totalmente contrario, al que se ha unido esa cierta saturación de tecnología de 2021, y todo esto está pasando factura al mercado en 2022.
Las compras anormalmente altas del año pasado hacen que este año caigan las ventas porque mucha gente ya no necesita nada, y puede que la cosa no empiece a remontar de verdad hasta mediados o finales de 2023. Esto está afectando a todos los grandes del sector tecnológico, y AMD no ha sido la excepción. La compañía de Sunnyvale lanzó recientemente los procesadores Ryzen 7000, y a pesar de las buenas críticas que han recibido sus ventas no están cumpliendo con las expectativas.
No es culpa de AMD, la situación económica y la incertidumbre que sigue sembrando la guerra de Ucrania tampoco ayudan. En este escenario es normal que AMD haya decidido reducir la producción de los procesadores Ryzen 7000, y puede que en algún momento se acabe produciendo una bajada de precios. Por otra parte, en relación coste-rendimiento los Ryzen 5000 ofrecen un valor tan interesante que no lo están poniendo nada fácil a los Ryzen 7000, y también hay usuarios esperando a ver qué hace Intel con Raptor Lake para tomar una decisión.
Uno de los procesadores mejor vendidos de la nueva generación de AMD es el Ryzen 9 7900X, pero los datos de mercados importantes, como el alemán, confirman que la plataforma AM4 sigue siendo la más vendida, seguida de la LGA1700 (Alder Lake-S).