El mercado CPU pasa por un momento muy interesante, y repasando los distintos análisis de mercado que se han ido publicando es posible extraer información valiosa que refleja en qué situación se encuentran Intel y AMD.
Siguiendo con una evolución histórica de los últimos años se aprecia una caída en el volumen de ventas de procesadores para escritorio de Intel. Dicha caída se produjo de forma sostenida desde 2014 hasta 2021, fecha en la que el gigante del silicio inició el camino hacia la recuperación. Esa recuperación se produjo gracias a Alder Lake-S, una generación de procesadores de alto rendimiento que ha hecho posible que Intel vuelva a competir de tú a tú con AMD.
A pesar de que las ventas de Intel han ido a la baja, la compañía ha conseguido mejorar sus ingresos gracias a una medida simple, subir el precio de venta de sus procesadores. Esto ha permitido a Intel compensar siguiendo la clásica regla de mercado de "vende menos, pero gana más con precios más altos". Esta estrategia seguirá en 2022 y en 2023, salvo que AMD lance una generación de procesadores que obligue a Intel a bajar los precios de una manera drástica.
Eso es lo que ha permitido a Intel mejorar su posición en el mercado de CPUs de escritorio, mientras que en el sector de CPUs para portátiles le ha pasado todo lo contrario, ha vendido una mayor cantidad de procesadores baratos. AMD ha teniendo un impacto importante en esta situación, la compañía ha mejorado su cuota de mercado vendiendo cada vez más procesadores, pero también se ha permitido subir los precios, y parece que con los Ryzen 7000 volverá a subir el precio.
