El demake de Bloodborne gozó de una enorme popularidad y desató una auténtica fiebre por convertir en demakes otros juegos triple A muy conocidos en el panorama internacional. Uno de los más recientes ha sido Resident Evil 5, un juego que llegó a Xbox 360, PS3 y PC, y que posteriormente ha sido adaptado a consolas más avanzadas.
Este demake lo tiene todo, los clásicos escenarios pre-renderizados que utilizaba la franquicia en PS1, los personajes poligonales con un texturizado muy básico, los artefactos y el parpadeo que se producían como consecuencia de su baja resolución cuando estaban alejados de la cámara y los efectos de iluminación y humo con unas transparencias muy pobres.
El demake de Resident Evil 5 tiene mucho encanto, tanto que me encantaría poder jugarlo si llegase a tener una versión completa y definitiva, algo que parece poco probable por los problemas que tendría el autor con Capcom a nivel legal.
Todo esto de los demakes, y lo interesantes que resultan chocan con el casi nulo interés de las grandes desarrolladoras en este tipo de proyectos, y es una pena, porque al final muchos de los jugadores más veteranos disfrutamos más de este tipo de juegos que de otros con acabados gráficos más realistas y avanzados.
En el mejor de los casos, este tipo de proyectos podrían llegar a tener pequeñas demos como escenas jugables, pero nada más, ya que sin permiso de los titulares de los derechos de autor todo acabarían siendo problemas.