Samsung presentó ayer los Galaxy S22. Uno de los puntos más interesantes de estos nuevos smartphones estaba en su SoC Exynos 2200, un chip que utilizarán todos los modelos que se comercializarán en Europa, y que viene equipado con la primera GPU Radeon RDNA 2 para smartphones.
Esa GPU generó mucho interés, pero también estuvo rodeada de una cierta polémica porque, según varios rumores y filtraciones, daba problemas importantes de temperatura, y no se podía controlar adecuadamente con las limitaciones de espacio, y de refrigeración, que imponía un smartphone, salvo que se redujeran mucho las frecuencias de trabajo.
Reducir las frecuencias de trabajo implica perder rendimiento, algo que Samsung ha decidido aceptar finalmente para no tener que retrasar el lanzamiento del SoC Exynos 2200. Con la situación que vive el mercado de los semiconductores, y lo que esto habría supuesto en su estrategia de mercado (comercializar versiones del Galaxy S22 con Snapdragon 8 Gen 1 y con el Exynos 2200), es normal que el gigante acabase tomando esa decisión.
Las primeras pruebas de rendimiento de la GPU Radeon RDNA2 que trae ese SoC son decepcionantes. Ese nuevo núcleo gráfico, tan prometedor, solo ha superado en un 17% a la GPU que utilizó Samsung en el SoC Exynos 2100, una Mali-G78MP14. Todavía cabe la posibilidad de que la cosa mejore, ya que Samsung puede lanzar actualizaciones de firmware para dar un empujón al rendimiento, y puede que, con la debida optimización, esa GPU marque un salto considerable en juegos, pero también puede ocurrir lo contrario.
Viendo estos primeros resultados, la verdad es que no hay razones para ser optimistas. Esos primeros resultados de pruebas con el Exynos 2200 también confirman que la CPU solo rinde un 5% más que la del Exynos 2100. El mayor salto está en su NPU, unidad de procesamiento neural, que rinde un 115% más.