El CEO de Intel, Pat Gelsinger, ha lanzado una predicción en la que asegura que el coste de fabricación de los coches cambiará drásticamente en los próximos años, y que esto se deberá a la creciente dependencia que el mundo del motor tiene de la tecnología.
A partir de 2010, se produjo un auge muy importante del vínculo existente entre motor y tecnología. La tecnificación del coche se convirtió en una realidad, y dio pie a una carrera que ha llevado a los grandes del sector a integrar pantallas táctiles y ordenadores que, en algunos casos, son tan potentes como un PC para gaming (Tesla, en este sentido, es el mejor ejemplo).
La dependencia de la tecnología en el mundo del motor sigue creciendo, y esto representa una buena base que da fuerza a las declaraciones del CEO de Intel, quien ha asegurado que, en 2023, los chips representarán un 20% del BOM de cada coche, es decir, del coste total de materiales necesarios para su fabricación.
Es un incremento muy grande, porque en 2019 el coste que representaban los chips apenas era del 4% en la BOM de un coche. Según Intel, en 2025 ese porcentaje subirá al 12%, y en 2030 se disparará a un 20%. Tiene sentido por la tendencia de la industria y por el desarrollo de coches con tecnologías cada vez más complejas que requerirán, por tanto, de chips más potentes y más caros, pero es una predicción, y no un dato absoluto.
Los coches totalmente automatizados, capaces de conducir por sí solos, sin ningún tipo de intervención humana representarán, según el CEO de Intel, el próximo gran avance dentro del sector del transporte, y no serán posibles sin una gran cantidad de chips, tanto principales como de apoyo, cuya complejidad será mucho mayor, y sus costes acordes a esa complejidad.
