Huawei no pasa por su mejor momento. La compañía china ha experimentado una baja importante como vendedor de smartphones a nivel internacional, y el veto de Estados Unidos ha sido el principal culpable de esa caída.
Entre los efectos más importantes que ha tenido que afrontar Huawei como consecuencia de dicho veto se encuentra la imposición, total y sin alternativa, de seguir utilizando los servicios móviles de Google, lo que incluye tanto sus aplicaciones como la Google Play Store, que es la tienda de aplicaciones de Android, una pieza clave para cualquier usuario de dicho sistema operativo. Huawei también ha visto restringido su acceso a numerosas tecnologías, y a componentes tan importantes como los chips de Qualcomm.
Hay una razón por la que los Huawei P50 y P50 Pro llegaron al mercado con SoCs limitados a 4G, y es que esa fue la única opción que tuvo la compañía china para esquivar el bloqueo fijado por el veto de Estados Unidos. Era eso o no lanzar dichos terminales, al menos en cantidad suficiente para cubrir una demanda relativamente alta.
Huawei puede seguir diseñando sus chips Kirin, pero el problema es que el veto de Estados Unidos le impide fabricarlos. La compañía china no puede recurrir a TSMC, ni a ninguna otra empresa que utilice equipamiento que tenga su origen en Estados Unidos, o en patentes de dicho país, lo que ejerce una importante presión sobre el gigante chino que, en palabas de su propio CEO, tiene un problema grave para asegurarse el suministro de chips.
Durante el próximo año, Huawei se seguirá viendo obligada a comprar tecnología "obsoleta", entre comillas porque el estándar 4G todavía sigue siendo perfectamente funcional. Esto quiere decir que el Snapdragon 898 que utilizará Huawei en sus próximos smartphones tope de gama que llegarán en 2022 tendrá un módem 4G. ¿Comprará alguien un terminal tope de gama con un precio cercano a los 1.000 euros, y limitado a 4G, en 2022?
