Lo que parecían ser casos aislados se están convirtiendo, cada vez más, en una constante que está causando un gran malestar entre los consumidores. Hace poco se descubrió que firmas como ADATA y WD habían modificado los componentes de algunos de sus SSDs PCIE NVMe, alterando piezas clave para que estos fuesen más baratos de producir, pero esto hacía que, al mismo tiempo, perdiesen mucho rendimiento.
El problema no está tanto en cambiar las especificaciones de un producto, puedes hacerlo siempre que avises al consumidor para que este sea consciente de lo que compra, y para que sepa que ese SSD que va adquirir no ofrece el mismo rendimiento que el modelo anterior, a pesar de tener la misma marca y la misma fachada. La cosa está en que no avisaron del cambio, lo que hizo creer al usuario que todo seguía igual.
La última que ha sido pillada infraganti haciendo esto ha sido Samsung. La compañía surcoreana ha modificado el SSD 970 Plus EVO para abaratar costes, y con ello lo que ha hecho ha sido reducir hasta a la mitad su rendimiento. Este SSD modificado puede rendir mejor en ciertas cargas de trabajo, siempre que se muevan en hasta 115 GB, pero cuando se agota su memoria caché la velocidad se reduce enormemente, pasando de los 1.500 MB/s que era capaz de mantener el modelo original a los 800 MB/s del nuevo modelo (en escritura).
En este caso, lo que ha hecho Samsung es menos grave porque identifica de forma diferente al SSD, y también porque en ciertos escenarios hay una mejora de rendimiento, pero mantiene el mismo nombre del producto y hay una pérdida de rendimiento en otras situaciones, con todo lo que ello supone para el usuario.