Hace unos días Microsoft confirmó los requisitos de Windows 11. No parecían nada del otro mundo, pero cuanto entrábamos a verlos al detalle, nos dábamos cuenta de que las exigencias de este nuevo sistema operativo son más elevadas de lo que cabía pensar.
Para mover Windows 11 necesitaremos el doble de RAM (como mínimo) que para mover Windows 10. También deberemos contar con un chip TPM 1.2 o una solución fTPM, y disponer de 64 GB de almacenamiento y de resolución HD, además de una tarjeta gráfica compatible con DirectX 12, lo que deja fuera a todas las tarjetas gráficas anteriores a la arquitectura Fermi de NVIDIA, y a GCN de AMD.
Ya se empieza a ver que Windows 11 no es un sistema operativo asequible precisamente, al menos no tanto como cabía esperar, pero es que con el tema de los procesadores compatibles el requisito sube exponencialmente. Microsoft ha confirmado, por voz de Steve Dispensa, que los procesadores listados como compatibles serán un requisito para poder instalar Windows 11. Si tenemos un Ryzen 1000 o inferior, o un Core de séptima generación o inferior, en teoría no podremos instalarlo, porque no están listados como soportados.
DSOGaming, la fuente que ha recogido esta información comenta que esto dejará fuera a procesadores tan potentes como su Core i7 4930K, un chip que utilizan para pruebas comparativas bastante interesantes, y también quedarán sin soporte en Windows 11 procesadores tan potentes como el Intel Core i7 6950X, que tiene 10 núcleos y 20 hilos. Las críticas a Microsoft están siendo muy intensas, pero quien sabe, quizá al final den marcha atrás como hicieron en su momento con el soporte de procesadores avanzados en Windows 7.
