La GTX 780 Ti fue en su momento la tarjeta gráfica más potente de NVIDIA, pero se trata de un modelo que data de 2013, y que ya tiene mucho tiempo encima.
Su rendimiento ha ido variando con el paso del tiempo. En algunos juegos mantiene ese carácter propio de las GPUs tope de gama, y ofrece un rendimiento muy bueno, pero en otros se deja notar la falta de optimización a nivel de drivers, y también la antigüedad de su arquitectura, Kepler, así como la falta de memoria VRAM, porque esta tarjeta gráfica solo tiene 3 GB de memoria.
La GTX 780 Ti utiliza la arquitectura Kepler y tiene 2.880 shaders, 240 TMUs, 48 ROPs, bus de 384 bits y 3 GB de memoria GDDR5 a 7 GHz. Su GPU podía llegar a los 928 MHz en modo turbo.
La GTX 1050 Ti utiliza la arquitectura Pascal, tiene 768 shaders, 48 TMUs, 32 ROPs, bus de 128 bits y 4 GB de memoria GDDR5 a 7 GHz. Su GPU puede llegar a los 1.392 MHz en modo turbo.
En rendimiento bruto, la GTX 780 Ti logra una victoria enorme frente a la GTX 1050 Ti en algunos juegos, y no se limita a los más antiguos. Es curioso ver que en Outriders, un juego desarrollado sobre el Unreal Engine, la primera saca un buen trecho a la segunda.
Sin embargo, en otros juegos, como Call of Duty Warzone, la GTX 1050 Ti vence a la GTX 780 Ti, lo que parece estar debido a un tema de drivers y de arquitectura, y también puede haber influido la mayor cantidad de memoria gráfica de la primera.
Destiny 2 es otra gran sorpresa. La GTX 780 Ti posiciona tan por encima de la GTX 1050 Ti que acaba dejándola en evidencia. Esas grandes variaciones de rendimiento entre diferentes juegos, incluso en algunos actuales, dejan claro lo importante que son los drivers en la vida útil de una tarjeta gráfica, y las posibilidades de su arquitectura.