La tecnología Xbox FPS Boost ha despertado mucho interés porque es capaz de mejorar la tasa de fotogramas por segundo, pero no lo consigue de forma gratuita. Para lograrlo, reduce la resolución, y de forma bastante significativa, y no es compatible con todos los juegos que existen ahora mismo.
Que las consolas de nueva generación tengan que recurrir a una reducción de la resolución para mantener, por ejemplo, 60 FPS totalmente estables es un claro síntoma del impacto que esta tiene en el rendimiento general de cualquier juego, y un indicador de que dichas consolas no han marcado un salto evolutivo tan grande comparadas con otras generaciones anteriores.
De momento, se ha confirmado que los juegos Fallout 4, Fallout 76, Skyrim Special Edition, Prey y Dishonored Definitive Edition son compatibles con Xbox FPS Boost. Microsoft ha explicado claramente que esta tecnología estará limitada a aquellos juegos que sean compatibles, y que no se podrá activar de forma genérica en cualquier título actual.
Microsoft no ha concretado qué objetivo de resolución tienen marcado, lo que significa que desconocemos hasta qué punto puede llegar a bajar la resolución para mejorar la fluidez. El reescalado, y el ajuste de la resolución a la baja para mejorar el rendimiento, no serán recursos exclusivos de la generación anterior, pero es un poco preocupante que se empiecen a utilizar tan pronto en la nueva generación, ya que es un síntoma de que su potencia no ha terminado de estar dentro del nivel que sería deseable.
Parece que se ha cumplido aquello de que los saltos generacionales en consolas van a ser cada vez menos evidentes.
