La arquitectura Intel Lakefield fue toda una sorpresa por parte de Intel. Ha sido utilizada en una generación de procesadores de bajo consumo que gira en torno a la "computación híbrida", y que ofrecen un valor muy interesante cuando se utilizan en dispositivos muy ligeros, donde prima el consumo y la autonomía sobre el rendimiento bruto.
Estos nuevos procesadores tienen una configuración de núcleo de alto rendimiento (arquitectura Sunny Cove) y cuatro núcleos de bajo consumo (arquitectura Tremont). Esos cinco núcleos deben utilizarse de forma inteligente en función de la carga de trabajo que afronte el sistema en cada momento, esa es la única forma de hacer un aprovechamiento real de las ventajas que puede ofrecer esa configuración de tipo "big.LITTLE".
Para ello es fundamental que el sistema operativo esté preparado para gestionar las cargas de trabajo y asignarlas de forma inteligente a los núcleos más apropiados para sacarlas adelante, y Windows 10 lo está. Es muy interesante, ya que el programador de tareas de Windows 10 tuvo problemas muy marcados hasta hace relativamente poco tiempo para trabajar correctamente con los procesadores Ryzen, pero ya está totalmente optimizado para trabajar con los chips Intel Lakefield.
Una prueba de rendimiento realizada con el Intel Core i5-L16G7 confirma que Windows 10 distribuye de forma eficiente la carga de trabajo entre los diferentes núcleos, y que intenta priorizar en todo momento el bloque de cuatro núcleos de bajo consumo para sacar adelante la mayor parte de las tareas del sistema, mientras que reserva el núcleo de alto rendimiento para tareas concretas.
El rendimiento del Intel Core i5-L16G7 es, en general, bastante bueno, aunque el alto precio de venta de este chip (281 dólares) es muy elevado, así que no debemos esperar la llegada de dispositivos económicos basados en la serie Lakefield, al menos de momento.
