La discusión sobre qué consola será más potente, si PS5 o Xbox Series X, ha dado paso a otra cuestión importante, el software.
Microsoft lo tiene todo bien amarrado. Xbox Series X utilizará una versión personalizada y adaptada de Windows 10 que estará apoyada, además, por DirectX 12 Ultimate. Gracias a su GPU con arquitectura RDNA 2X, podrá utilizar todas las características de esa nueva API, incluido el trazado de rayos, y los desarrollos adaptados deberían permitir un buen aprovechamiento de recursos.
Sony todavía no ha confirmado nada, pero según varias informaciones de fuentes bastante fiables ha apostado por un sistema operativo con un consumo de recursos muy bajo que permita, sin embargo, ofrecer una experiencia de uso intuitiva y perfectamente adaptada a los tiempos que corren.
Un sistema operativo eficiente y con un bajo consumo de recursos permite reducir el hardware que debes reservar al sistema, y deja más recursos a los desarrolladores. También afecta a la experiencia de juego, y para mejorarla Sony quiere reducir al mínimo los tiempos de cara, mostrar al jugador todos sus títulos con información importante como los avances que han logrado y también el tiempo que necesitarán para completar misiones determinadas o logros concretos.
Al final el objetivo de Sony es que el jugador tenga una visión completa de sus juegos con datos fáciles de entender, y que pueda disfrutarlos sin esperas y sin los clásicos problemas que ha dado la generación actual por las instalaciones y las actualizaciones.
