El diseño de Xbox Series X no ha dejado a nadie indiferente. Te puede gustar o te puede aterrar, pero desde luego ha generado expectación e interés, algo que al final, beneficia a Microsoft, puesto que ha logrado que se hable, y mucho, de su nueva consola.
Dejando el tema del diseño a un lado está claro que lo realmente importante cuando hablamos de la nueva generación de consolas son sus especificaciones. Xbox Series X va a ser una consola muy potente, pero también equilibrada. Phil Spencer, jefe de la división Xbox, ha confirmado que no van a repetir el error que cometieron con Xbox One X.
La consola más potente de la generación actual ha estado, al igual que PS4 Pro y que el resto de consolas, limitada por un procesador de bajo consumo y bajo rendimiento. El chip Jaguar que montan todas las consolas actuales tiene un rendimiento ridículamente bajo, y ello ha impedido alcanzar tasas elevadas de fotogramas por segundo.
El procesador Jaguar ha sido el gran culpable de que esta generación haya sido conocida como "la de los 30 FPS", pero con Xbox Series X (y también con PS5) esto va a cambiar. El salto a un procesador basado en Zen 2 permitirá a los desarrolladores disponer de una mayor potencia bruta, y eliminará el cuello de botella más grave que presenta la generación actual.
Phil Spencer ha dicho que quiere que los juegos se vean "increíbles", pero que también quiere que "se sientan increíbles". En su opinión ya han cumplido el primer objetivo con Xbox One X, y en parte es cierto, ya que la consola de Microsoft ha hecho maravillas con títulos como Red Dead Redemption 2, pero para cumplir el segundo objetivo necesitan una mayor tasa de fotogramas por segundo, y eso solo podrán cumplirlo con Xbox Series X gracias al nuevo procesador basado en Zen 2.
