Windows Mobile fue, en todas sus variantes, un fracaso, aunque tuvo momentos brillantes en los que llegó incluso a superar a iOS en ciertos países, especialmente en Europa. Curiosamente, en el momento en el Windows Phone 8.1 llegó a mostrarse como un serio rival en el sector smartphone fue cuando comenzó la debacle.
La polémica que se ha generado alrededor del fracaso de Windows Mobile ha adquirido un nivel impensable tras las declaraciones de un ex de Microsoft, James Withaker, quien ha puesto de manifiesto que tanto Bill Gates como Steve Ballmer dieron forma a una época de "CEOs sabelotodo" en la que nadie podía pensar de una manera diferente a ellos, y que eso fue realmente lo que condenó al fracaso a dicho sistema operativo.
Polémicas a un lado, Bill Gates ha querido explicar en una entrevista que estuvo demasiado distraído por la demanda antimonopolio que afrontó Microsoft en su momento, y que eso le llevó a cometer errores que condujeron al fracaso de Windows Mobile. El ejecutivo se muestra tan convencido que ha comentado que de no ser por dicha demanda ahora mismo todos estaríamos utilizando Windows Mobile.
Los argumentos de Gates tienen sentido, pero achacar una derrota tan importante a un despiste de tres meses suena un poco forzado, al fin y al cabo un liderato tan grande como el que ha mantenido Android no se forjó en tan poco tiempo.
Windows Mobile pudo ser algo grande, es un hecho. La llegada de Windows Phone 8.1 y el buen rendimiento que ofrecía en terminales económicos fue un golpe importante que ayudó a dicho sistema operativo a mejorar sus posiciones a nivel internacional, pero las decisiones que se tomaron posteriormente con Windows 10 Mobile fueron un error tras otro que llevaron, de forma irremediable, a su final.