Los procesadores Intel han tenido un precio cada vez más elevado desde que AMD dejó de ser competitiva debido al fiasco que supuso Bulldozer. En 2016 un Core i7 6900K, con 8 núcleos y 16 hilos y un IPC al nivel de Broadwell y de Ryzen de primera generación, costaba la friolera de 1.109 dólares. Medio año después AMD lanzó el Ryzen 7 1700 con 8 núcleos y 16 hilos a un precio de unos 379 dólares y rompió, literalmente, el mercado.
Durante los años que AMD estuvo trabajando en una arquitectura que le permitiera recuperarse del patinazo vivido con los procesadores FX Bulldozer (y sus derivados), Intel supo aprovechar para hacer dinero y para reforzar su posición. Al no haber competencia, la compañía también tuvo la oportunidad de subir precios y mejorar sus ingresos, algo que se ha dejado notar en sus arcas.
Ahora que AMD está más competitiva que nunca, Intel no ha tenido más remedio que bajar precios, y a lo grande. Sus Core serie 10 Extreme vendrán casi a mitad de precio comparados con la generación anterior. Esto no quiere decir que sean baratos, pero un "tijeretazo" del 50% es un claro síntoma de que Intel está notando más presión que nunca, y de que ganará menos dinero por CPU vendida.

Se estima que las bajadas de precio que tiene que realizar Intel para ofrecer un valor competitivo con AMD (a nivel de CPUs) supondrá un total de 3.000 millones de dólares en pérdidas, calderilla para una compañía del calibre del gigante de Santa Clara, pero un símbolo claro de que Zen 2 ha cumplido sus promesas.
Si AMD no se duerme en los laureles y sigue haciendo las cosas bien es probable que el sector se vuelva cada vez más competitivo y que gracias a ello tengamos cada vez procesadores más potentes y con precios más atractivos.