El rendimiento del procesador afecta en gran medida al potencial que puede desarrollar la tarjeta gráfica, es un hecho constatado que hemos visto desde hace años y que se ha visto agravado en nuestros días por la llegada de procesadores con configuraciones muy distintas, tanto en núcleos e hilos como en términos de IPC.
Desde Benchmark han querido ilustrar esta realidad con una comparativa extrema que resulta muy interesante, y nos permite entender por qué no debemos unir una tarjeta gráfica tope de gama con un procesador de gama baja. En este caso se ha utilizado una APU Athlon 200GE, que tiene dos núcleos y cuatro hilos Zen de primera generación funcionando a 3,2 GHz, con una RTX 2080 Ti.
Control es un juego que depende mucho de la GPU, así que rinde bastante bien incluso con esta configuración, pero la tasa de FPS mínima no miente. Esos 11 FPS de mínima confirman que el Athlon 200GE lastra el rendimiento general del equipo.
Battlefield V es un ejemplo todavía más claro. La media llega a estar por debajo de 60 FPS, una cifra ridícula teniendo en cuenta que utilizan la tarjeta gráfica más potente de NVIDIA y que el juego se mueve en 1440p. Si miramos los mínimos veremos que llega a tener bajadas a 5 FPS.
Con Shadow of the Tomb Raider la tendencia es la misma. Las medias son muy bajas para lo que cabe esperar de una RTX 2080 Ti en 1440p, y los mínimos llegan a niveles intolerables.