Apple está haciendo frente a varios problemas ahora mismo. Por una parte tiene la batalla legal contra Qualcomm, que ya le ha costado dos sustos en China y Alemania, y por otro lado tiene las demandas colectivas interpuestas contra ella por ralentizar los iPhone con el modo de bajo consumo.
La caída en ventas que ha experimentado el iPhone y las malas previsiones para este año representan otro problema importante, pero la compañía de la manzana podría sorprender con un regreso a al diseño más tradicional del iPhone, y también a las funciones más clásicas, aunque con una renovación importante.
Face ID marcó el final del lector de huellas dactilares en los iPhone de última generación. Representa un avance importante y es viable, ya que gracias a los sensores de profundidad no puede ser engañado con una simple foto o un vídeo, pero tiene un lado negativo, y es que encarece de forma sustancial el coste de fabricación del terminal, y esto se deja notar en el precio de venta.
Una patente registrada a favor de Apple recoge un nuevo sistema que podría servir para dar forma a una nueva generación de Touch ID. En este caso la tecnología no concibe un lector de huellas tradicional, sino un sistema de transductores que harían un mapa de sonido del contacto del dedo con la superficie, y lo compararían con los registros que tienen en su base de datos para ver si coincide.
La idea es similar al lector de huellas dactilares por ultrasonidos de Qualcomm, y permitiría integrar Touch ID en la pantalla del terminal. Esto es fundamental, ya que Apple ha dado el salto al formato todo pantalla, y ya no hay marcha atrás.
No está confirmado, pero esta tecnología podría servir a la compañía para desarrollar un iPhone más económico con el que llegar a un mayor espectro del mercado smartphone.
