El iPhone, producto estrella de Apple, no pasa por su mejor momento. La caída en ventas y los altos precios están haciendo mella en un producto del que dependen más de la mitad de los ingresos de Apple, pero la compañía de la manzana mordida tiene también otros frentes abiertos.
La demanda colectiva que afronta en Estados Unidos por acusaciones de introducir una actualización de iOS que ralentizaba el funcionamiento de algunos iPhone sigue su curso, y en su defensa Apple está llevando a cabo argumentaciones que no solo son poco acertadas, sino que rozan lo ridículo.
Según la defensa de Apple la compañía actúa como un "contratista" que tiene que remodelar una cocina. Entra, ve lo que hay, y si cree que es necesario demoler algo lo hace para poder construir la nueva cocina. La compañía cree que no se la puede culpar por esto, porque se limitan, como el contratista, a hacer su trabajo.

El argumento es una analogía un poco complicada de entender. Apple quiere decir que para mejorar iOS y aprovechar las posibilidades de sus nuevos iPhone tiene que estar dispuesta a llevar cambios que puedan lisiar el rendimiento de los modelos anteriores, pero este no es realmente el problema.
La clave del proceso está en el modo de bajo consumo que se introdujo de forma secreta y que reducía el rendimiento de algunos iPhone sin alertar al usuario. Si dicho modo no se hubiera descubierto probablemente no se habrían cambiado más de 11 millones de baterías de iPhones afectados por el modo de bajo consumo, y los usuarios habrían acabado comprando un iPhone nuevo.
Apple no actuó de forma correcta con sus usuarios, y el incumplimiento del deber de avisar de la introducción de ese modo de bajo consumo no tiene excusa posible.