La tarjeta gráfica AMD Radeon VII ha sido la sorpresa más importante que ha dado AMD en el CES 2019. Esta solución utiliza la arquitectura gráfica Vega de segunda generación fabricada en proceso de 7 nm.
A pesar de que cuenta con menos shaders que la Radeon RX Vega 64 (3.840 frente a 4.096) es capaz de ofrecer un rendimiento muy superior al de aquélla (hasta un 68% más), y tiene un consumo ligeramente inferior. Esto ha sido posible gracias a los ajustes hechos a nivel de microarquitectura, al aumento del ancho de banda y a la subida de las frecuencias de reloj de la GPU, que llegan hasta 1,8 GHz.
No representa un salto grande en términos de arquitectura y algunos le achacan la ausencia de funciones como trazado de rayos, pero AMD ha confirmado que trabaja para adoptar esa tecnología próximamente, y tiene una potencia bruta y un precio bastante equilibrado frente a la RTX 2080.

En el evento de presentación AMD confirmó que la Radeon VII tiene una potencia de 13,8 TFLOPs en precisión simple (FP32), pero no concretó la potencia en doble precisión (FP64). Según TechPowerUP! la compañía de Sunnyvale ha limitado el rendimiento en doble precisión desactivando las unidades de trabajo dedicadas que integra, lo que significa que trabajando en FP64 debería rondar los 860 GFLOPs, cifra que queda muy lejos de los 6,7 TFLOPs que obtendría sin esa limitación.
No es un problema para jugadores y tampoco para la mayoría de los profesionales, de hecho es una práctica que mantiene NVIDIA en sus GeForce, ya que el modo FP64 se utiliza a nivel profesional pero en sectores muy concretos, por ello se mantiene en las Tesla y las Radeon Instinct.