La resolución 4K goza de una gran popularidad actualmente, sobre todo a nivel de consumo de contenidos multimedia y, en menor medida, para la reproducción de videojuegos, pero todavía no se ha estandarizado hasta el punto de desplazar por completo a resoluciones inferiores, como 1440p (2K) y 1080p (Full HD).
A pesar de que todavía queda camino por andar en este sentido los principales fabricantes de paneles, como Samsung, LG y AU Optronics, tienen previsto centrar el tiro en los modelos con resolución 8K para 2019, un paso que marcará el inicio de la llegada de televisores de entre 65 y 98 pulgadas.

En lo que respecta a la calidad de imagen es un salto muy grande, ya que hablamos de cuatro veces los píxeles que se reproducen en una pantalla con resolución 4K, pero esto supone también un aumento de las exigencias en términos de potencia y de ancho de banda si queremos reproducir contenidos en streaming.
Si hablamos de juegos en 8K como resolución nativa es evidente que no estamos preparados. Una RTX TITAN, la tarjeta gráfica más potente que existe y cuyo precio es de casi 2.700 euros, solo puede ofrecer una experiencia buena en resoluciones 4K con calidades máximas y mantener medias de 60 FPS en la mayoría de los casos.
La resolución 8K puede empezar a expandirse a partir de 2019, pero su adopción a gran escala no debería ocurrir hasta dentro de dos o tres años, aproximadamente.