Shadow of the Tomb Raider está llamado a convertirse en uno de los juegos más importantes del año, y también en una de las pruebas de rendimiento más importantes gracias a sus exigencias tanto a nivel CPU como GPU.
En WCCFTech han publicado una interesante prueba de rendimiento que analiza el desempeño del juego en DirectX 11 y DirectX 12 con una CPU Core i5 8600K y un Ryzen 7 1700, acompañados de una GTX 1080 de NVIDIA y una Radeon RX Vega 64 (refrigeración líquida) de AMD.
Los resultados son muy curiosos. En DirectX 11 la GTX 1080 supera sin problemas a la Radeon RX Vega 64, pero la situación cambia por completo en DirectX 12. En términos de rendimiento CPU se confirma también una victoria del Core i5 8600K bajo DirectX 11 y un casi un empate bajo DirectX 12, lo que confirma que ésta última API es capaz de aprovechar mejor el Ryzen 7 1700.
La conclusión que arroja esta prueba de rendimiento es que Shadow of the Tomb Raider ofrece un rendimiento superior bajo DirectX 12, y que dicha API es la mejor opción para cualquier PC actual, sobre todo si contamos con un procesador Ryzen de AMD.
Si esta tendencia se adopta a gran escala entre los desarrolladores y se mantiene el enfoque a favor de DirectX 12 y Vulkan en los juegos por fin podremos empezar a hablar de un aprovechamiento óptimo de los recursos (y funciones avanzadas) que tienen la mayoría de equipos modernos.

