Estados Unidos y China llevan semanas ocupando portadas por la guerra comercial en la que se han embarcado ambos países. Las continuas amenazas que se han lanzado ha desembocado en una amenaza clara por parte de Donald Trump: tiene lista una subida de aranceles que afectaría a productos chinos valorados en 267.000 millones de dólares.
Las principales empresas tecnológicas del país están preocupadas ya que dependen en buena parte de la mano de obra china y de las importaciones de componentes y materiales de dicho país, pero a Trump ya parece darle todo igual, puesto que ni siquiera ha suavizado su postura a la hora de hablar de Apple.
La compañía de Tim Cook ha dicho que teme que la enorme subida de aranceles que prepara el ejecutivo republicano acabe afectando a casi todos sus productos, y que creen que esa medida acabará perjudicando mucho más a Estados Unidos que a China. Estos comentarios son un intento de hacer reflexionar a Trump, pero el presidente no va a dar marcha atrás.
En un comunicado oficial Trump ha sido tajante: si Apple está preocupada por los aranceles que abra fábricas en Estados Unidos y produzca sus dispositivos en su país de origen. Así no sólo no pagará aranceles, sino que además tendrá ayudas fiscales.
Apple no podría seguir adelante fabricando sus productos en Estados Unidos, y no sólo por tema de costes sino también por la carencia de mano de obra cualificada para sacar adelante la producción que necesitan de sus principales productos (serie iPhone, sobre todo).
