Las criptodivisas siguen sin recuperar la gloria que habían alcanzado hace unos meses. Es cierto que Bitcoin sigue por encima de los 6.000 dólares y que mantiene un valor muy superior al que tenía a principios de 2017, pero no tiene nada que ver con los casi 20.000 dólares de valor por unidad que llegó a alcanzar hace apenas unos meses.
El efecto de arrastre que han generado las constantes caídas del Bitcoin y su inestabilidad ha arrastrado a otras criptodivisas como Ethereum, que ha pasado de tener un máximo de 1.250 dólares por unidad a quedar en un mínimo de 250 dólares. Desde entonces ha iniciado una pequeña recuperación que la ha llevado a estabilizarse en torno a los 290 dólares, pero la situación no pinta nada bien.
Esa pérdida de valor reduce la rentabilidad del minado de esta criptodivisa, pero a ello hay que añadir que su conversión en dólares lleva una comisión tan alta que ahora mismo minarla no deja prácticamente beneficio alguno, salvo que tengamos pensado considerarla como una inversión "de riesgo" y guardarla a la espera de que registre una subida a corto o medio plazo que haga rentable su venta.
El mercado de las criptodivisas ha estado afectado por una importante burbuja, eso es indiscutible. Se creía que la burbuja no iba a explotar tan pronto por el interés que se había generado a nivel global, es decir por esa tercera fase de atracción sobre nuevos inversores sin conocimientos en la materia, pero al final el pinchazo fue absoluto y directo, sin paños calientes. No se espera una recuperación del sector a corto plazo, así que lo más probable es que se mantenga esta situación de "inestabilidad estable" que haga oscilar el valor del Bitcoin de forma permanente entre los 8.000 y los 6.000 dólares.
