NVIDIA ha introducido una novedad importante con sus últimos drivers que beneficia a los poseedores de una GeForce GT 1030, y es que dicha tarjeta gráfica ahora es compatible con la tecnología G-SYNC. Es una buena noticia pero además es lo más justo, ya que el mínimo que establecía NVIDIA era una GeForce GTX 650 TI Boost y la GT 1030 rinde a un nivel muy similar, aunque queda por debajo de aquella.
La GT 1030 es una tarjeta gráfica de gama baja que utiliza la arquitectura Pascal de NVIDIA. Su GPU es la GP108 fabricada en proceso de 16 nm y equipada con 384 shaders, 24 TMUs y 8 ROPs. Tiene un bus de 64 bits pero lo compensa con sus 2 GB de GDDR5 a 6 GHz, que arrojan un ancho de banda total de 48 GB/s.
Aunque sus especificaciones sean flojas el cambio de arquitectura y sus altas frecuencias de trabajo le permiten ofrecer un rendimiento sorprendentemente bueno, tanto que es una de las pocas tarjetas gráficas de gama baja que realmente sirve para jugar de todas las que han llegado al mercado en los últimos años.
G-SYNC es una tecnología propietaria de NVIDIA que está incorporada en el monitor. Supone un coste importante así que solo se monta en monitores gaming de gama media y gama alta. No es normal que un usuario que gasta tanto en un monitor tenga una gráfica de 80 euros como la GT 1030, pero en cualquier caso es una ampliación de soporte que añade funciones a un modelo de gama baja y esto es positivo.
