Los micropagos y las microtransacciones se han convertido en una parte muy importante de los videojuegos y ha dejado de estar limitada a los títulos gratuitos.
Poco a poco los grandes estudios y las grandes distribuidoras han ido apostando por este modelo de negocio como vía para rentabilizar aún más sus juegos, de los que ya obtienen ingresos a través del precio de venta y de los contenidos descargables que lanzan poco después de su debut.
La llegada de las cajas de botín a Destiny 2 generó una gran polémica por todos los problemas que suponer este tipo de "lotería" en un título de pago, ya que se incita al jugador a gastar dinero para estar a la altura. Sí, se pueden comprar cajas de botón dedicando horas al juego, pero es mucho más lento y requiere un mayor esfuerzo.
Niles Sankey, un antiguo empleado de Bungie que trabajó en Halo y en el primer Destiny, ha dicho literalmente que los desarrolladores tienen que ahorrar para su jubilación y que alimentar a sus familias, y que si no gusta el enfoque de los micropagos los jugadores deben mostrar su rechazo no comprando los juegos que recurran a ellos.
El problema que obvia Sankey es que hay juegos muy esperados y con un gran atractivo para el gran público que gustan y que cuentan con el apoyo de los usuarios, lo que significa que podrían vender de maravilla y generar grandes ingresos, pero al final acaban arruinando las expectativas por la propia avaricia de sus desarrolladores.

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