3DO llegó al mercado presumiendo de potencia gracias a su procesador de 32 bits, pero la realidad que escondía esta consola era muy distinta.
Era potente, eso no admite discusión, pero según Rebecca Ann Heineman, programadora encargada de la versión de DOOM para la 3DO, cuando aceptaron realizar la conversión no sabían realmente a lo que se tendrían que enfrentar.
Básicamente esperaban una tarea fácil y simple, pero en realidad se dieron de bruces contra un muro, ya que no sabían todo el trabajo que conllevaría.
Durante un ciclo de diez semanas (menos de tres meses) lucharon por encontrar medios que posibilitaran el funcionamiento de esta versión y permitiera superar las limitaciones de la 3DO.
El final fue, como se ve en el vídeo, un desastre, una versión inferior a la de SuperNintendo.