La nueva PS4 incorporará una arquitectura x86, algo que le acerca a un PC, condición que se da por primera vez, por lo que son inevitables las comparaciones. Según Mark Cerny, jefe de diseño, existen tres puntos concretos por los que la nueva consola de Sony superará a un ordenador, y todas ellas en terreno de hardware.

En primer lugar, los 8 GB GDDR5 de la PS4 son una ventaja en sí misma respecto al PC, donde los datos deben lidiar con la memoria exclusiva de una GPU y la de la CPU (memoria de sistema). La memoria unificada ahorra tiempo, gracias a la asincronía, y mejora notablemente el rendimiento, pues existe una única memoria para todo.
La consola podrá también correr tareas en segundo plano, de manera fluida y efectiva, sin que ello afecte de forma alguna al rendimiento general del sistema. Es decir, pueden desarrollarse cálculos en segundo plano mientras jugamos, gracias a esa asincronía antes mencionada.
Por último, PS4 utiliza chips dedicados para tareas más sencillas, liberando el sistema de carga. Por ejemplo, un chip de sonido dedicado, otro que vigila la transferencia de datos entre la unidad Blu-ray y el sistema, e incluso uno de bajo consumo para descargas cuando la consola está apagada. Todo ello conforma una consola que, además, no resulta titánica de manejar para los desarrolladores, y fácil para programar, según parece.
Que los recursos estén 100% optimizados es algo lógico, teniendo en cuenta que es un sistema cerrado, no como el de PC. Veremos si a efectos prácticos lo supera... o todo se queda en palabrería.