
La competencia en dispositivos móviles es salvaje, y ninguna compañía lo tiene fácil. Nokia, sin embargo, es de las que más se ha resentido estos últimos años: de líder indiscutible hace cinco años ha pasado a tenerse que esforzar para mantener el tipo frente a, especialmente, Samsung y Apple.
El informe anual de la compañía finlandesa muestra datos muy duros y, sobre todo, un panorama oscuro. En la parte dedicada a analizar los riesgos encontramos un buen número de cosas que pueden salir mal: un descenso más rápido de lo esperado de la aceptación y las ventas de sus terminales Symbian, la desaparición progresiva de los móviles de gama baja (substituidos por terminales Android de bajo coste), una falta de crecimiento suficiente del ecosistema Windows Phone, y, ante todo, la dependencia que ha pasado a tener Nokia de lo que haga Microsoft, de quien necesita una gran promoción y refinamiento de Windows Phone y la adaptación de su sistema operativo a móviles de gama mucho más baja, y precio más contenido.
La apuesta de Nokia por Windows Phone 7 es muy decidida, y necesitan que tenga éxito. Van por buen camino, con ventas muy esperanzadoras y una muy buena imagen del Lumia 800, pero aún no hay nada decidido.