Los portátiles tienen un sistema de refrigeración que depende mucho del flujo de aire, y el flujo de aire depende de las aperturas que tiene el chasis. Lo normal es que un portátil tenga aperturas en la base por las que los ventiladores de turbina meten aire, y aperturas en la parte posterior por las que sale el aire caliente.
Este diseño lleva muchos años estandarizado. Algunas marcas han intentado innovar a su manera permitiendo la entrada de aire frío por otras zonas, como pequeñas aperturas en el teclado, pero la base sigue siendo la misma, y esta base tiene sus ventajas y sus desventajas.
La ventaja es que funciona, y que evita que el calor se acumule en partes sensibles, pero la desventaja es que al tener las zonas de entrada de aire frío en la base del portátil estas se pueden bloquear con mucha facilidad, y esto lo vuelve muy sensible a la superficie en la que lo utilicemos.
Colocar el portátil en una zona donde apenas quede espacio para la entrada de aire puede disparar el calor interno porque no entra suficiente aire frío, y colocarlo encima de nuestras piernas tapando esas entradas tampoco es una buena idea.
Un usuario ha comprobado que, solo con cambiar la superficie de uso del portátil pasando de una base de madera a una de metal la temperatura del equipo se redujo hasta en 15 grados. El usuario no recomienda utilizar una base metálica demasiado fría, como por ejemplo con hielo, porque esto podría generar un vapor letal para el portátil.
Las veces que he tenido portátil siempre he preferido utilizarlo con una base ergonómica de metal que lo levanta y crea un espacio más amplio para facilitar la entrada de aire. La mejora de temperatura que se consigue con algo tan sencillo y tan barato es notable, y mejora la experiencia de uso con cualquier portátil.
