Un seguidor de Digital Foundry ha preguntado algo muy interesante al equipo de expertos: ¿qué habría pasado si PS5 y Xbox Series X se hubieran marcado como objetivo mover juegos a 30 FPS y no a 60 FPS?
Uno de los miembros del equipo dice que cree que los juegos están más limitados por las posibilidades del motor y por la visión artística de cada desarrolladora que por otros factores que por el procesador, y que cree que no hay juegos que realmente empujen mucho en este sentido como para que un procesador Zen 2 sea un problema. Esto último no es verdad, que se lo digan a CD Projekt RED y a Cyberpunk 2077 en PS5 y Xbox Series X con sus densidades de NPCs.
Otro miembro de Digital Foundry dice que jugar a 30 FPS no le parece una experiencia aceptable actualmente, y que los modos de consola a 30 FPS y a 60 FPS se han convertido en un estándar, pero que el modo de 30 FPS no necesariamente ofrece mejoras significativas de calidad gráfica para justificar la renuncia a los 60 FPS.
Cuando nos ponemos en 30 FPS al final el límite pasa a ser la GPU, y en la generación actual las únicas mejoras importantes que hemos visto están en un poco más de resolución y/o un poco más de calidad gráfica. Esas serían las ventajas de un enfoque totalmente centrado en 30 FPS.
Las primeras demos del Unreal Engine 5 en consolas de la generación actual corrían a 30 FPS en 1080p sin reescalado, así que esa es la base que nos dejarían las consolas actuales si se hubieran limitado a 30 FPS, 1080p y 30 FPS en juegos muy exigentes sin reescalado. Juegos como Alan Wake 2 se tienen que renderizar a menos de 900p en PS5 para ofrecer 60 FPS.