Tras más de una década de convivencia entre generaciones de consolas, Activision ha confirmado un cambio de rumbo estratégico en el desarrollo de la franquicia Call of Duty. Los próximos títulos de la saga dejarán de publicarse en PlayStation 4 y Xbox One, centrándose exclusivamente en el hardware de la generación actual (PS5 y Xbox Series X|S) y PC. Esta decisión marca un punto de inflexión técnico, eliminando el "lastre" que suponía adaptar motores gráficos modernos a arquitecturas de 2013.

Limitaciones de hardware y el salto a arquitecturas modernas
La transición total hacia la novena generación no es solo una cuestión comercial, sino una necesidad técnica derivada de las limitaciones críticas que presentan las plataformas de octava generación. Los desarrolladores se han enfrentado a cuellos de botella que impedían la evolución real de la experiencia de juego:
Velocidades de transferencia de datos: La dependencia de los discos duros mecánicos (HDD) en PS4 y Xbox One limitaba drásticamente el streaming de texturas y el diseño de niveles, algo que los SSD NVMe de las consolas actuales han resuelto.
Limitaciones de CPU: Los procesadores Jaguar de AMD que montaban las antiguas consolas ya resultaban insuficientes para gestionar físicas avanzadas, sistemas de inteligencia artificial complejos y altas tasas de frames de forma estable.
Ancho de banda de memoria: El salto a memorias GDDR6 y arquitecturas unificadas más rápidas permite el uso de técnicas de iluminación y postprocesado que simplemente no son escalables hacia abajo sin comprometer la integridad visual del título en las plataformas superiores.
Optimización de recursos y unificación del motor gráfico
Al dejar atrás el soporte para PS4 y Xbox One, el equipo de desarrollo podrá unificar sus esfuerzos en una rama única de código optimizada para DirectX 12 Agility SDK y las APIs específicas de las nuevas consolas. Esto permitirá una integración más profunda de tecnologías como el trazado de rayos (Ray Tracing) y sistemas de escalado por IA (DLSS, FSR), además de reducir el tamaño final de las instalaciones, un problema recurrente en la franquicia debido a la necesidad de duplicar assets para facilitar la lectura en discos lentos.
Esta medida garantiza que el próximo Call of Duty pueda aprovechar plenamente el hardware de gama alta, ofreciendo entornos más densos, destructibilidad mejorada y una latencia de entrada reducida, algo fundamental en el entorno competitivo de los shooters en primera persona. Con este movimiento, Activision se suma a la tendencia de la industria de cerrar definitivamente el ciclo de vida de una de las generaciones de consolas más longevas de la historia.