Intel disfrutó de una ventaja competitiva frente a AMD durante muchos años, en los que AMD, tras el buen hacer de arquitecturas como las K10 o las K8, cayó en una espiral de retroceso con propuestas como Excavator, Steamroller, Piledriver o Bulldozer. Con Skylake, presentada allá por 2015, Intel consiguió dominar el segmento de los procesadores con autoridad, mientras AMD se sumía en el olvido, especialmente en el segmento de los portátiles, donde los Ultrabook de Intel habían conseguido calar entre una mayoría de usuarios.

Pie: Con las generaciones posteriores a Skylake, Intel fue acumulando problemas de eficiencia, que terminaron siendo especialmente evidentes en algunas configuraciones de alto rendimiento de Raptor Lake.
La sexta generación de procesadores de Intel, concretamente, fue un poco el Santo Grial para Intel, que, generación tras generación, introducía menos mejoras en la arquitectura, al tiempo que se quedaba estancada en un largo ciclo de optimizaciones de la tecnología de fabricación de 14 nm.
AMD, mientras tanto, presentaba en 2017 su microarquitectura Zen, iniciando una progresión firme y sin fisuras en su calendario de actualizaciones, tanto en la microarquitectura como en la tecnología de fabricación, delegada en TSMC. El punto de inflexión para Intel llegaría con Meteor Lake en portátiles y Raptor Lake en procesadores de escritorio, con críticas asociadas a su eficiencia y, en el caso de los modelos de escritorio, a fallos de funcionamiento relacionados con problemas de voltaje.

Parecía claro que Intel había “estirado el chicle” más de la cuenta con sus tecnologías heredadas, mientras que AMD mejoraba sus procesadores portátiles y de sobremesa con cada iteración generacional, tanto en la parte de la arquitectura como en la tecnología de fabricación, juntamente con TSMC.
La crisis reputacional de Intel alcanzó cotas que apuntaban al colapso de la compañía. Fue entonces cuando Intel presentó, después del verano de 2024, Lunar Lake y Arrow Lake, dos arquitecturas similares en sus cimientos, aunque enfocadas a segmentos diferentes: Lunar Lake para portátiles y Arrow Lake para equipos de sobremesa.

Para la fabricación se recurrió a TSMC, manteniendo el diseño híbrido de cores de alto rendimiento y eficientes, recurriendo a Lion Cove para los P-cores y Skymont para los E-cores. Fue una propuesta que recibimos con cautela, aunque tras probar Lunar Lake y Arrow Lake-S en portátiles y equipos de sobremesa, entendimos que Intel había hecho un buen trabajo retomando la senda de la innovación.
Desde 2024 hasta ahora, Intel ha presentado Panther Lake para portátiles delgados y ligeros como sucesora de Lunar Lake, así como Arrow Lake-S Refresh para equipos de sobremesa y portátiles de alto rendimiento. Al mismo tiempo, Intel ha tenido que trabajar también en el segmento de servidores y en sus tecnologías de fabricación. De hecho, con Panther Lake, Intel volvía a fabricar sus propios chips, al menos parcialmente, con las tecnologías Intel 3 e Intel 18A, dejando los gráficos Intel Xe en manos de TSMC, con el nodo N3E, al menos para la variante con 12 cores Xe3.

Así llegamos al momento actual, en el que Intel tiene la obligación de seguir evolucionando sus arquitecturas para consumo y para servidores. A pesar de su buen hacer, los procesadores Arrow Lake-S para escritorio han sido criticados por rendir menos que los procesadores de sobremesa de AMD con arquitectura Zen5. Si bien esto es cierto cuando nos ceñimos a escenarios de uso muy específicos, como el gaming, no es menos cierto que Intel ha conseguido poner en el mercado procesadores todoterreno a precios muy competitivos.
Una asignatura pendiente en Intel, no obstante, es mantener la vida útil de sus plataformas durante más años. Quienes compraron equipos de Intel hace tres o cuatro años se encontrarán con que ya no tienen procesadores actualizados a las más recientes arquitecturas y tecnologías que vengan con un zócalo compatible, por lo que una actualización pasaría por comprar placa, CPU y memoria.

AMD es mucho más “respetuosa” con sus usuarios. El zócalo AM4, sin ir más lejos, ha seguido recibiendo nuevos procesadores muchos años después de su lanzamiento, aunque se lanzara en 2016 nada menos. El AM5 llegó en 2022 y parece que tendrá una vida útil también prolongada, manteniéndose con Zen6 y Zen7, además de los procesadores adicionales que AMD pueda lanzar para AM5 en generaciones posteriores.
Al mismo tiempo, en estos dos últimos años hemos visto varios fenómenos interesantes. Por un lado, la irrupción de la arquitectura ARM en el ecosistema Windows. Primero con Qualcomm Snapdragon X y Snapdragon X2. Ahora también con NVIDIA RTX Spark, que trae a los portátiles y Mini PCs la arquitectura ARM junto con gráficos Blackwell.

No menos importante es la mejora del rendimiento de los gráficos integrados en procesadores de AMD y de Intel. Especialmente en este último caso, los procesadores Panther Lake con iGPU Intel Xe3 han mostrado un rendimiento espectacular junto con una eficiencia sobresaliente. AMD, con los procesadores de siguiente generación Medusa Point y Medusa Halo con cores Zen6 y gráficos RDNA5, tendrá que ponerse al día, mientras que Intel ya tiene en la lista de espera a Nova Lake, de la que hablaremos en el próximo apartado.
Tras esta rápida introducción, daremos paso en el siguiente apartado a la descripción más detallada de lo que será Intel Nova Lake a partir de los datos que tenemos hasta ahora como resultado de informaciones filtradas y comunicados oficiales de Intel.