Intel ha hecho un trabajo importante “limpiando” el silicio de sus procesadores en Lunar Lake. Cuando decimos “limpiar”, nos referimos a eliminar todos aquellos elementos que saturaban la arquitectura hasta el punto de impedir que los procesadores Raptor Lake y Meteor Lake funcionasen dentro de márgenes óptimos. Por ejemplo, la temperatura máxima de los cores en Meteor Lake superaba los 100 grados centígrados, al tiempo que el los Core Ultra 100 precisaban de una cantidad de Vatios muy superior a la del TDP para obtener sus mayores cotas de rendimiento. Por otro lado, el rendimiento con pocos Vatios caía de forma no lineal, lo cual suponía un problema de cara a usar el procesador en equipos como las consolas portátiles.
En Meteor Lake (y Raptor Lake), Intel había encontrado el límite para sus arquitecturas Redwood Cove, Raptor Cove y Golden Cove de los cores P de los Meteor Lake, Raptor Lake y Alder Lake. Por otro lado, la arquitectura de los cores E, Gracemont y Crestmont, tenía un rendimiento muy modesto, que apenas sí podía contribuir al rendimiento total de los equipos. Especialmente los Cores E LP de Meteor Lake, que fueron un “parche” para tratar de maximizar la autonomía de los portátiles en escenarios como la reproducción de vídeo.

Por otra parte, el rendimiento con y sin Hyperthreading empezaba a ser poco diferenciado, al estar los cores P al límite de su capacidad en todo momento. Todo ello ha obligado a Intel a “hacer limpieza” en su arquitectura. Y Lunar Lake es el resultado de ese proceso de optimización.
Los cores Lion Cove son los de rendimiento (P) y los Skymont son los eficientes (E). En los Lion Cove, Intel ha eliminado el Hyperthreading, una solución un tanto drástica que perjudica el rendimiento, pero favorece el ahorro de Vatios. Los Lion Cove consiguen alcanzar un notable rendimiento en single thread, al tiempo que consumen menos Vatios para ello.
Los cores Skymont, por su parte, mejoran el rendimiento frente a los Crestmont en algo menos de un 70% nada menos. Intel ha hecho un trabajo interesante haciendo que la diferencia entre los cores P y E sea menor que en Meteor Lake. Ha añadido más memoria caché, por ejemplo, agrupando cuatro cores E en cada “isla de eficiencia”.

El resultado en la práctica es extraordinario. Los procesadores Lunar Lake Core Ultra 200V tienen un TDP de 17W, con una potencia Turbo de 37W. Y en la vida real, se respetan estos límites. No como en Meteor Lake, por ejemplo, donde se alcanzaban 50W o más en determinadas ocasiones, con temperaturas de 102 grados. En Lunar Lake, la temperatura se mantiene por debajo de 90 grados en la mayoría de los casos. El único procesador que viene con un TDP mayor es el Core Ultra 9 285V, con un TDP de 30W, aunque manteniendo el máximo TDP en 37W.
Además, el rendimiento cuando se limitan los Vatios, escala hacia debajo de un modo esencialmente lineal. Lo cual también es de agradecer, especialmente en dispositivos como las consolas gaming portables.

Es cierto que el rendimiento, si se compara con AMD y sus AMD Ryzen AI 300, está por detrás, pero ello no impide que los portátiles que vengan con Lunar Lake sean unas excelentes máquinas, especialmente si tenemos en cuenta que la máxima expresión de lo hecho por Intel en los Core Ultra 200V se encuentra en la autonomía, que, en las pruebas realizadas con un ASUS Zenbook S 14, superaba las 20 horas en PCMark Office.

Un detalle que hay que tener en cuenta también, es que los resultados de rendimiento vienen dados por solo 8 cores (4P y 4E), frente a los rendimientos obtenidos con procesadores de AMD o los Meteor Lake, con 16 o 22 cores respectivamente.
En las siguientes gráficas podemos ver este punto de un modo visual. En los resultados en PovRay para diferentes límites de Vatios forzados mediante x86 Universal Tunning Utility, vemos cómo el rendimiento para pocos Vatios es mejor en los Core Ultra 200 que en Meteor Lake y Raptor Lake. A medida que aumentamos los Vatios, el mayor número de cores se impone frente a los 8 de Lunar Lake. Pero el comportamiento es muy bueno. Incluso a 10W, Lunar Lake supera a los AMD Zen de los Ryzen AI 300.

Frente a los Qualcomm Snapdragon X Plus, Lunar Lake se muestra imbatible. En la gráfica con rendimientos obtenidos con los diferentes tipos de cores P y E (Zen5 y Zen5c en AMD), vemos cómo los cores Skymont de Lunar Lake superan con claridad a los cores E de Meteor Lake y Raptor Lake. E incluso supera a los cores Zen5c, cuando se deshabilita el hyperthreading en estos últimos.

El rendimiento gráfico, por otra parte, gracias a los cores Xe2 de la gráfica integrada Intel Arc 140V y la 130V (con 8 cores Xe2 y 7 cores Xe2 respectivamente), también mejora, al tiempo que el consumo energético se reduce frente a Meteor Lake. De este modo, es posible que veamos consolas gaming portátiles con Lunar Lake en algún momento. AMD lo hace muy bien con su arquitectura Zen4/Zen5 y los gráficos Radeon integrados, pero Intel ha vuelto al ruedo con Lunar Lake.
Especialmente interesante es el rendimiento con títulos de la vida real como Cyberpunk 2077, obteniendo tasas de frames jugables en 1080p con el nivel de detalle gráfico al mínimo, eso sí, y con Intel XeSS activado en modo rendimiento.
De todos modos, las pruebas las hemos hecho con un Core Ultra 7 256V. Con el Core Ultra 9 285V deberíamos tener más margen de maniobra para ajustar los parámetros gráficos un poco más al alza.
El rendimiento de IA, de momento, sigue siendo más un apartado “teórico” que práctico, a la espera de que se tengan aplicaciones de la vida real que saquen partido de la aceleración integrada en la NPU de cuarta generación que viene con los Lunar Lake.
En este apartado aún hay mucho que decir y mucho recorrido por completar antes de que tengamos unas APIs estándar y una aceleración de IA “estandarizada”, de un modo similar a como sucede ahora con las APIs para gráficos y las gráficas, con APIs como OpenGL o DirectX12.