¿Qué hay de nuevo? Para justificar un cambio de esta magnitud, Microsoft debe asegurarse de introducir cambios notorios en Windows 11, y por eso vamos a listar los principales que hemos podido recopilar:
- Cambio visual completo: El diseño de las ventanas cambia, se redondean las esquinas y la imagen es mucho más clara y limpia que en ediciones anteriores. Cambian los fondos de carpeta y el color de éstas, que del amarillo clásico pasarán a ser de varios colores desde el explorador de archivos.
- Nuevo menú de inicio: El menú de inicio cambia totalmente, y por defecto estará anclado en el centro de la barra de tareas, aunque podremos cambiar esta ubicación cuando queramos. Cuando lo despleguemos podremos ver dos grupos: nuestras aplicaciones y las que el sistema nos recomienda.
- Nuevo sistema de ventanas: Las ventanas se agruparán ahora con dos funcionalidades nuevas: Snap Layouts (para posicionar las ventanas a lo largo y ancho del escritorio) y Snap Groups (organiza las ventanas según grupos de aplicaciones).
- Juegos: Además de la aplicación de Xbox y acceso a Game Pass, Windows 11 incorporará xCloud, un servicio para jugar en la nube a títulos en principio de consola, además de soporte AutoHDR y a DirectStorage.
- Compatibilidad con Android: Una de las mayores demandas de los usuarios parece que se cumplirá, y es que Windows 11 será compatible con las aplicaciones de Android. Se sabe poco de esta funcionalidad, pero sí sabemos que Microsoft ha llegado a un acuerdo con Amazon para integrar las aplicaciones del gigante de las ventas en Windows 11. Es el primer paso de los muchos que vendrán.
- Teams: Las últimas actualizaciones de Windows 10 incluyeron el programa Teams para la creación de grupos de trabajo y video conferencias. En Windows 11, Microsoft ha querido otorgarle un lugar especial, con un aspecto en vertical, acceso directo desde la barra de tareas y mayores funcionalidades, desplazando al cada vez menos usado Skype.
- Nuevos widgets: Dispondremos de un nuevo feed personalizado e impulsado por IA, podremos tener información relevante directamente en nuestro escritorio en forma de widgets personalizados.
- Más seguridad: Nuevas capas de seguridad para reforzar el impedimento de acceso a datos personales. Se integran herramientas ya presentes en Windows 10 como Microsoft Endpoint Manager, la configuración en la nube, Windows Update para empresas y Autopilot.
- Otras novedades: Conocemos nuevas características, aunque englobadas de forma más generalizada, como son un rendimiento más eficiente, reforma de la Microsoft Store para hacerla más óptima para los desarrolladores, mejoras en accesibilidad, integración de lápiz digital e instrucciones por voz mejoradas, y una mejora en general del trabajo híbrido (local y en la nube).

Probablemente se den aún más novedades, en tanto otras o bien no se den o bien otras simplemente cambien o evolucionen. La cosa pinta bastante bien, pero ¿lo está haciendo Microsoft correctamente?
Antes del estreno de cualquier sistema operativo, y más ahora, que todo se sabe, empiezan a conocerse las reacciones de los usuarios incluso antes de que hayan podido probar el software en cuestión. Antes del estreno de Windows Vista las impresiones de los usuarios con las versiones beta y el acceso anticipado crearon un ruido de fondo que no auguraba nada bueno. Lo mismo pasó con Windows 8, donde la eliminación del menú de inicio fue muy criticada incluso antes de su estreno. Con Windows 11 ya ha habido críticas, y la más importante es que Microsoft ha forzado los requisitos mínimos de hardware para la instalación del sistema operativo. Esto es lo que se nos pide:
- Procesador de 64 bits a 1GHz
- 64 GB de almacenamiento
- 4 GB de memoria RAM
- Conexión a internet
- Tarjeta gráfica compatible con DirectX 12
- Soporte para TPM 2.0
- Soporte para SecureBoot
- Pantalla con mínimo 720p
Hasta aquí todo parece correcto, ¿no? Estas especificaciones podrían ser perfectamente compatibles con una gran parte de las máquinas que ahora tienen instalado Windows 10, pero es que Microsoft se ha asegurado cierta obsolescencia programada dejando fuera de soporte las máquinas que tengan procesadores inferiores a la octava generación de CPUs Intel, garantizando soporte a los Intel Xeon Skylake-SP, Cascade Lake-SP, Cooper Lake-SP yXeon Ice Lake-SP. Quedan fuera también las CPUs de la primera generación de AMD Ryzen.