Nada de lo dicho tendrá importancia alguna si no consideramos la tarjeta gráfica que tenemos y buscamos un monitor en consonancia con ella. Podemos comprar un monitor con unas muy buenas especificaciones y una altísima resolución que si nuestra tarjeta gráfica no es capaz de mover esas resoluciones tan altas, será como haberle cambiado la carrocería a un seiscientos por la de un Ferrari, pero seguirá corriendo como el primero...

Por eso es muy importante que sepamos no sólo qué modelo de tarjeta gráfica tenemos, sino qué resolución máxima es capaz de alcanzar (no la resolución de la salida de vídeo, que puede ser bárbara, sino la que permite un juego fluido a máximo detalle) y adquirir un monitor, como mínimo, teniendo en cuenta esta resolución.
Por poner un ejemplo, si tenemos una AMD Radeon RX 6600 XT, sabemos que no podremos aspirar a un monitor más allá de 1080p de resolución, pero es posible que podamos contar con una tasa de refresco elevada (por ejemplo, 120 Hz o similares), lo que ya nos da una pista. Si tenemos, por contra, una tarjeta gráfica muy potente, como por ejemplo una NVIDIA RTX 3090, y compramos un monitor como el descrito antes entonces estaremos desperdiciando el potencial de una tarjeta que mueve bien la resolución 4K a una tasa de fotogramas por segundo muy respetable.
Ajustar la elección del monitor a la tarjeta gráfica que tengamos montada no siempre es sencillo, pero de lo visto anteriormente sólo es necesario tener en cuenta estos aspectos:
- Resolución máxima jugable: A lo dicho: saber qué resolución máxima jugable tiene nuestra GPU. Es decir, a qué resolución podemos jugar al máximo detalle posible sin que nuestra tarjeta gráfica caiga en rendimiento (por debajo de los 45 fotogramas por segundo no se recomienda ni el nivel de detalle ni la resolución propuesta, y en esos casos hay que ajustar los niveles de calidad y filtros). Imaginemos que nuestra tarjeta soporta bien una resolución 2K a una buena tasa de fotogramas por segundo. Pues ya sabemos algo realmente importante para elegir un monitor acorde.
- Distancia de juego: No es lo mismo jugar cerca de la pantalla que lejos, como se ha dicho. Si nuestra tarjeta gráfica, siguiendo el ejemplo de antes, soporta 2K a buen detalle pero vamos a jugar muy cerca, será importante que el monitor cumpla con esa resolución sí o sí. Si podemos ponernos más lejos, quizá no sea mala idea tirar por un monitor a 1080p pero con una tasa de refresco superior, y así aprovechar la potencia de la GPU sin tener tan en cuenta la resolución.
