Los sistemas de carga rápida se fundamentan en diferentes técnicas y “trucos”. Recuerda, no obstante, que estamos ante un proceso químico en el fondo y sujeto, pues, a variables como la temperatura, que no siempre son fáciles de controlar, y cuyo aumento descontrolado puede suponer que tengamos un problema. De todos modos, en todos ellos encontramos que el tiempo de carga entre 0% y 50% es mucho más rápido que el tiempo de carga entre el 50% y el 100%. Esto se debe a cómo tiene lugar la carga de las baterías de iones de litio. Cuando una batería se descarga, el voltaje va cayendo hasta que se reduce tanto que la batería es incapaz de alimentar correctamente a los circuitos electrónicos del dispositivo. Los voltajes de las baterías de móvil se mueven en horquillas entre los 2V - 3V y más de 4V, con voltajes nominales que están en torno a los 3,7V – 3,8V.

Cuando la batería se empieza a cargar, el voltaje sube en primer lugar desde el valor mínimo al máximo, que se alcanza en torno al 70% de la capacidad máxima. Hasta ese momento, podemos aumentar la corriente con bastante margen de maniobra, de modo que, a más corriente, más rápido es el proceso de carga. Cuando se alcanza el voltaje máximo, la corriente tiene que reducirse paulatinamente, de modo que el proceso de carga se ralentiza. Por este motivo, el tiempo de carga desde el 70% al 100% puede ser más largo que el tiempo que se tarda en llegar al 70%. Además, los fabricantes empiezan a usar configuraciones de baterías en serie. Generalmente dos, por lo que el cargador ofrecerá un voltaje superior, aunque cada celda verá su voltaje adecuado, al tiempo que se reducen los tiempos de carga.
Cómo ver gráficamente el proceso de carga en un móvil
En los móviles podemos registrar de forma gráfica el proceso de carga rápida usando apps como Battery Spy. No está en la tienda Play Store, pero es sencillo instalarla como app .apk en los móviles Android. De este modo, podremos ver curvas como el voltaje, la temperatura o el nivel de carga total de la batería.
En el ejemplo a continuación tenemos la curva de carga de un OPPO Find X2 Pro en el intervalo de tiempo de una hora. Podemos ver cómo sube la temperatura en azul claro, vemos cómo el voltaje llega un momento (en amarillo) en el que llega al máximo y se ralentiza la carga, y vemos cómo la capacidad aumenta (en verde) mientras la curva lila o morada indica cuánta “chicha” metemos a la batería. Es decir, cuánta corriente inyectamos. Vemos cómo sube la temperatura tanto más cuanta más corriente inyectamos.

También podemos ver cuán exigentes son las aplicaciones: cuanto más suba la curva lila, más “amperios” estamos metiendo a la batería y más rápida será la carga. Cuanto más por debajo de la línea horizontal central esté la línea lila, más consumo de energía demandará la app que estemos ejecutando. La curva de temperatura es interesante, ya que nos deja ver cuándo, al superar los límites seguros, el algoritmo de carga rebaja la corriente inyectada y se ralentiza el proceso de carga.
En portátiles, el funcionamiento de la carga rápida es parecido, con la salvedad de que básicamente todas las tecnologías se basan en la tecnología Power Delivery a través de USB-C, y que en vez de tener baterías de entre 16 Whr y 18 Whr como valores típicos, encontramos baterías de entre 40 Whr y 90 Whr.
Ojo: estos tiempos son solo si no estamos usando el móvil
Si estamos usando el móvil mientras lo cargamos, los tiempos de carga aumentan: parte de los Vatios disponibles “se van” en el trabajo realizado por el procesador, la pantalla o la memoria, por lo que los tiempos de carga se dilatarán. De todos modos, con sistemas como los de OPPO o Huawei, por mucho que se consuman algunos Vatios, los tiempos de carga hasta el 50% o el 70% no se verán muy afectados.
Con la carga “normal” de hace años, sí que importaba usar o no usar el móvil al cargar: si llegar al 30% precisaba de una hora, imagina si estuviésemos usando el móvil con una potencia disponible de apenas 5W. Prácticamente toda la energía suministrada la estaríamos usando para hacer funcionar el dispositivo.

Seguridad ante todo
Los terminales que usan carga rápida están diseñados bajo la premisa de la seguridad. Los circuitos electrónicos monitorizan la corriente que llega a la batería desde el cargador, así como la temperatura de modo que no haya riesgo alguno para la integridad del dispositivo ni de los usuarios. Lo que sí podemos notar es un aumento de la temperatura en el móvil o en el cargador, lo cual entra dentro de lo esperable.
Hay que estar atentos, eso sí, a posibles abombamientos de la carcasa, que suceden cuando la batería se degrada hasta el punto de emitir gases internamente. No es lo frecuente, pero ante un síntoma como ése lo mejor es dejar de usar el terminal, no cargarlo y acudir al servicio técnico. Las baterías degradadas, en el caso de Apple, se manifestaban a través de una reducción de rendimiento programada por la propia Apple para hacer que el procesador “pidiera” menos amperios a las baterías.
El problema más serio acerca de la seguridad de las baterías lo tuvo Samsung con el Galaxy Note 7, en el que las baterías presentaban una disposición interna del ánodo y el cátodo de la batería en la que prácticamente se tocaban en la parte de los bordes curvados. Eso hacía que ante presión, o la mínima deformación de la carcasa, el ánodo y el cátodo se tocasen provocando la liberación instantánea de la energía almacenada. Es decir, provocando incendios o explosiones.

Después de aquello, quedó claro para los fabricantes que con las baterías no se juega. Lo peor que puede suceder es que la batería se degrade tanto que pierda capacidad. Pero, aún en ese caso, la carga rápida compensa una pérdida de capacidad, siempre y cuando no sea muy severa. En estos casos, foros como los de Battery University, recomiendan no usar siempre los sistemas de carga rápida para prolongar la vida útil de las baterías.