Después de K10 comenzó la travesía del desierto para AMD. K10 no era ya una arquitectura eficiente y evolucionar esa arquitectura no era tarea fácil, ni siquiera mejorando la tecnología de fabricación. Así pues, se sacó de la manga una nueva arquitectura. Realmente fueron dos. Separó los procesadores para portátiles y para escritorio en dos familias: Bulldozer para escritorio y los procesadores FX y Opteron, mientras que Bobcat fue la que usó en portátiles por debajo de los 10W. Bobcat era una especie de Atom con arquitectura Out of Order, por lo que no supuso una revolución ni aportó nada especialmente destacable.
Básicamente, Bobcat y sus dos optimizaciones (Jaguar y Puma), tuvieron un impacto marginal en el mercado. Era una arquitectura en tierra de nadie, que no destacaba especialmente por rendimiento. Con todo, fue usada en las consolas Xbox One. Jaguar, se empleó en la Xbox One X y en la Sony PS4. El concepto de APU encajaba muy bien en la filosofía de las consolas de videojuegos, lo cual dio un respiro a

Dos cores que no eran dos y sin SMT
Bulldozer, con sus optimizaciones Piledriver (2012), Steamroller (2014) y Excavator (2015), sí tuvieron más protagonismo. Estas arquitecturas se usaban tanto en APUs, como en procesadores de escritorio como en servidores. Al menos al principio, porque con Steamroller y Excavator AMD prácticamente se dedicó a las APUs. El “problemón” es que Bulldozer usaba un diseño basado en módulos. El invento de AMD era el CMT o Clustered MultiThreading, donde algunos elementos del procesador se compartían por dos hilos y otros eran exclusivos para cada hilo.
Los módulos CMT equivalían a dos cores para cálculos con enteros, pero podía ser equivalente a uno o dos cores para cálculos de coma flotante. Además de perjudicar a los resultados de las pruebas de rendimiento, esto llevó a AMD a enfrentarse a un proceso judicial por publicidad engañosa, al no quedar claro si un procesador de cuatro cores realmente podría ser un quad core o sería más realista decir que era un dual core. De hecho, AMD perdió frente a la asociación de consumidores californiana que interpuso la demanda, y en 2019 pagó 12 millones de dólares.

Además, en la arquitectura de AMD no hay SMT (Hyperthreading para los amigos), lo cual es otro obstáculo importante de cara a arañar rendimiento.
AMD perdió el protagonismo que había conseguido en el segmento de servidores y en el de procesadores para escritorio de alto rendimiento, mientras que en portátiles solo tuvo una presencia marginal, y en equipos de escritorio consiguió hacerse un hueco en el mercado más sensible al precio. Mientras Intel definía sus propias políticas de precios, sin competencia real en los segmentos de más valor, como eran los portátiles y los equipos de escritorio de alto rendimiento, AMD tenía que ajustar los precios para ofrecer equipos solventes a buen precios.
Lo cierto es que una APU de AMD junto con una placa base y RAM eran capaces de resolver un equipo de oficina o doméstico por un precio muy interesante. Y si se añade a la ecuación una GPU AMD Radeon junto con un procesador FX, era posible tener un equipo para gaming ocasional con un rendimiento suficiente a una fracción de lo que costaría un equipo Intel. Pero una empresa como AMD no puede vivir solo de APUs, por lo que sus resultados financieros empezaron a acumular pérdidas millonarias todos los años.
La vuelta a la innovación
La arquitectura más exitosa de AMD, la K6 y sucesivas optimizaciones K7 y K8, había sido la que adquirió a NexGen ante la imposibilidad de completar un desarrollo propio a tiempo. Puede que eso pasase factura y que AMD se “durmiese en los laureles”. Cuando la arquitectura “K” se agotó, siendo imposible llevarla más adelante para competir con Intel Core, AMD simplemente fue incapaz de desarrollar una alternativa competitiva.

No es que los procesadores FX o las APUs para escritorio fueran pésimos. Simplemente, eran bastante peores que las soluciones de Intel. En portátiles, donde los fabricantes son los que se la juegan si un procesador no sale bien, AMD no tuvo lugar apenas. Intel ofrecía más confianza a los fabricantes de equipos y era una apuesta segura.
Durante estos años, AMD repartió sus recursos de I + D entre la división de procesadores y la de tarjetas gráficas, donde compite con NVIDIA y con Intel en el caso de las gráficas integradas. En estos años, AMD parecía no estar haciendo nada realmente interesante, aunque en el siguiente apartado veremos que, por fortuna, no estaba parada. En 2017 anunció Zen, una arquitectura totalmente nueva, innovadora, escalable y bien pensada.
Parte de este cambio es responsabilidad de Lisa Su, que asumió el papel de CEO de la compañía en 2014 y afrontó un proceso de rehabilitación de la compañía que se prolongó hasta 2017, con la presentación de Zen.