El Xiaomi Mi 8 Pro no cuenta con elementos especialmente reseñables como novedad en sí misma, más allá de su carcasa transparente de cristal Gorilla Glass 5 y marco de aluminio en color gris titanio. Es cierto que su capa de personalización MIUI es una de las más diferentes a Android nativo que podemos encontrar en el mercado, pero no es una novedad en sí misma del Mi 8 Pro. MIUI 10 sí es algo más destacable, al ser la versión más reciente de MIUI, soportado por Android 9 en vez de Android Oreo.

El lector de huella bajo la pantalla es otro elemento llamativo. No tanto por la novedad, sino por ser una tecnología propia de terminales bastante más caros, que llega a un modelo por debajo de los 600€. También tiene desbloqueo facial, aunque, como ya pasaba con el POCOPHONE F1, si la región que configuramos en el menú de opciones es España, no aparecen los menús para configurar el reconocimiento facial. Basta con cambiar el ajuste a una ubicación como Hong Kong para que aparezcan las opciones de puesta a punto del reconocimiento facial. Y funciona muy bien.
Es extraño que Xiaomi no habilite el reconocimiento facial en algunas regiones, máxime cuando el notch ocupa tanto espacio precisamente por llevar el iluminador de infrarrojos para reconocimiento facial en condiciones de poca luz.
La parte de la tecnología es sobradamente habitual ya en estos tiempos. El POCOPHONE F1 llevó el procesador Snapdragon 845 junto con cantidades de memoria RAM y almacenamiento muy notables a precios de poco más de 300€, así que verlo en un móvil de cerca de 600€ no sorprende ya a nadie. La doble cámara tampoco es una novedad. La configuración dual con cámara principal de 12 Mpx y tamaño de pixel de 1,4 micras y otra cámara de 12Mpx con tamaño de píxel de 1 micra para el zoom 2x es frecuente en los smartphones con dos cámaras.

En la versión MIUI 10.2 con Android 9 vienen más opciones como la cámara lenta a 960 fps, que es un buen añadido para el repertorio de opciones de la parte fotográfica del terminal.
La carga de este terminal es compatible con Quick Charge 4.0, aunque el cargador de 18W que viene con él no es especialmente rápido cargando el terminal. Si tenemos un cargador rápido de otro terminal o de un portátil que cargue a través de USB-C y sea compatible con Power Delivery, veremos cómo el tiempo necesario para llenar la batería se reduce considerablemente. No lleva carga inalámbrica, y la batería es relativamente pequeña, teniendo en cuenta que hay terminales con más de 4.000 mAh equipados con un hardware similar.

Volviendo a MIUI 10.2, merece la pena hacer notar que es una capa con infinidad de opciones para configurar hasta los más mínimos detalles de uso del Mi 8 Pro. El aspecto de los menús, y hasta la ubicación de las opciones, cambia notablemente cuando pasamos de un Android puro a MIUI o viceversa. El grueso de las opciones más diferenciadoras está en el menú de Ajustes adicionales. Ahí encontramos desde opciones de seguridad hasta las de uso con una única mano, pasando por las opciones de desarrollador.
También tenemos un "modo empresa" que, de momento, parece que no se puede activar, aunque todo apunta a que habrá compatibilidad con la gestión remota de dispositivos administrados a través de la empresa que nos facilite el smartphone para trabajar. Este tipo de gestión precisa de la instalación de un supervisor en el terminal para cargar la imagen corporativa. Puede que este modo esté relacionado con este tipo de configuración.

En conjunto, a estas alturas de la película, cuando están a punto de llegar los terminales con los nuevos SoC Snapdragon 855, así como los Exynos de Samsung, el Mi 8 Pro destaca prácticamente por su cubierta trasera transparente. Esto no quiere decir que sea un mal terminal, desde luego. En la parte de las pruebas de rendimiento y de usabilidad podremos comprobar o desmentirlo.
