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De esta forma, permite a la computadora transmitir información a través de una línea telefónica. La velocidad de transmisión de los módem se mide en bits por segundo o en baudios.

Informática y ecología: una cuenta pendiente

2 de enero, 2009 | Por Iván Aparicio | lecturas: 23543 | 18 coment.

La triste realidad de los residuos informáticos

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Hemos mencionado dos de los tres procesos: fabricación (uso de materiales) y consumo de energía. Nos falta el último: los residuos. Hemos hecho un ordenador, lo hemos utilizado durante un tiempo (la vida útil puede variar entre los 2 y los 5 años), pero nos lo queremos cambiar porque: se nos queda pequeño (poco potente), se nos estropea (lo cambiamos todo o partes más pequeñas), porque nos regalan otro..., o por lo que sea. ¿Qué pasa con ese ordenador o esos componentes? ¿Dónde van a parar?

Pasemos al aburrido apartado de las cifras. Desde que IBM vendió su primer ordenador en 1981, se han vendido más de mil millones de ordenadores. Ya se ha calculado que en los próximos años se fabricarán tantas máquinas como en los más de 25 años previos. Y eso, sin duda, es mucho. Es bien sabido que la tecnología y la informática son campos que se renuevan continuamente. El interés de los fabricantes por ponerse a la vanguardia de los productos que venden se convierte en una carrera a contrarreloj por sacar el mejor producto en el menor tiempo posible. Así, un ordenador de última generación puede relegarse a la gama media en cuestión de varios meses, con la consecuente sensación de haber tirado el dinero en su compra. Antes del año 2000, la vida media de un ordenador era de unos 5 años, y ahora se reduce a casi los 2 años. Ya sea por verdadera necesidad o por capricho, si tenemos que cambiar nuestro ordenador, inevitablemente tendremos que deshacernos de él.


Basura informática

No en vano, la basura informática crece unas tres veces más rápido que la media de residuos urbanos; el volumen de chatarra electrónica aumenta entre un 16 y un 28% cada cinco años. De hecho, el 90% de los equipos informáticos viejos acaban directamente en vertederos, lanzados al contenedor o simplemente abandonados en la calle. Y eso es mucha basura: un 5% de los residuos generados en toda la UE son electrónicos; sólo en España se generan unas 200.000 toneladas de basura de este tipo.

Los residuos generan no sólo problemas ambientales, sino de salud para las personas. Por ejemplo, los trabajadores que desmontan ordenadores en Suecia se les ha encontrado 65 veces más de bromo en la sangre que una persona normal. Estas concentraciones son nocivas para la salud, ya que volvemos al primer paso, a los materiales que se emplearon en la fabricación, y lógicamente si estos eran perjudiciales antes, lo serán aún más cuando no se usen. Y aún más: hay materiales que se vuelven tóxicos (o aún más tóxicos) cuando se deterioran con el tiempo. Las personas que manipulan estos materiales de deshecho pueden contraer graves afecciones, y es algo habitual en países como Estados Unidos exportar los residuos a países de Asia, por lo que se traspasa el problema a otros. Y es que se llegó a la triste conclusión de que cuesta menos dinero convertir regiones enteras en vertederos que instalar plantas de reciclaje de materiales.

El fin más digno de los deshechos sería, pues, el reciclaje de los materiales, sobre todo de los más tóxicos para el medio ambiente y para la vida humana en general. El "problema" es que cuando se idearon los procesos de fabricación no se pensó en un proceso de reciclaje de materiales, y muchas fábricas tendrían que crear instalaciones nuevas sólo para ello, con el consecuente gasto económico, el cual muchas empresas no tienen intención de realizar.


Los perjudicados son siempre los mismos

Los materiales de deshechos son más o menos los mismos que podíamos encontrar en la creación de los componentes. Aproximadamente, un 50% del peso de los aparatos electrónicos corresponde a metales como el acero, el aluminio o el cobre. El resto de materiales se dividen entre plásticos y vidrios. Estos porcentajes, naturalmente, pueden variar según el aparato del que estemos hablando, pero nos orientan para saber cuánto tiramos a la hora de deshacernos de estos objetos. De ese otro 50% que antes decíamos que no son metales pesados, encontramos los materiales que son verdaderamente tóxicos para el medio y para nosotros, y que nos sonarán porque estaban presentes también en la elaboración de los aparatos: PVC, bario, cadmio, antimonio, cromo, mercurio, arsénico, silicio... Y esto sólo en los componentes del ordenador, porque fuera de él tenemos: aluminio en los CD-ROM; cianina, phthalocianina y meta-azo en CDs y DVDs grabables, y policristal para los regrabables; etcétera.

En la gran mayoría de los casos, todos estos materiales tóxicos no nos perjudican tanto por su naturaleza contaminante como por un proceso mal llevado. Primero, porque no se recicla todo lo que se podría, por los motivos antes dichos o simplemente porque las empresas se desentienden; segundo, porque los residuos se liberan en lugares donde se vuelven más contaminantes que nunca, como acuíferos o directamente sobre la tierra, o si se decide quemar estos componentes la inhalación de los gases resultantes puede ser perjudicial para toda la vida de alrededor. Exposiciones prolongadas a este tipo de sustancias pueden producir graves enfermedades, como el cáncer, entre otras tantas.


Reciclar es la única opción

Bien llevado, un correcto proceso de reciclaje podría aprovechar entre un 70 y un 80% de las materias desechadas. En este proceso, los componentes de ordenador se desmontan y se separan los materiales tóxicos, los cuales se entregarían a gestores autorizados para su correcto tratamiento. Después, se triturarían los materiales, que se clasificarían por tipos, revalorizándose, para luego ser tratados y vendidos a las industrias que los puedan aprovechar.

Naturalmente, no todo va a ser malo, y ya hay empresas que se apuntan a programas de reciclaje. Un ejemplo es Apple, que con su Recycling Program, aprovecha teléfonos en desuso, ordenadores, reproductores de música..., y por el que no tendremos que molestarnos más que en enviar un e-mail a los responsables y ellos se encargarán de todo. Dell, por ejemplo, tiene el programa Reconnect que, además de reciclar componentes, crea puestos de trabajo en la organización sin ánimo de lucro Goodwill Industries para personas discapacitadas.

Detrás de todas estas iniciativas suelen haber buenas intenciones en general, aunque no siempre es tan bonito como lo pintan: muchas veces los residuos simplemente se exportan a países pobres, donde hay personas que se exponen a graves enfermedades sólo por recolectar materiales que pueden ser vendidos ulteriormente. Está en manos de las compañías, sí, pero también en las nuestras, cambiar esto.

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